jueves, 25 de noviembre de 2010

EXTRACTOS DE JHON NELSON DARBY


El Gobierno de Dios en la tierra introdujo los caminos dispensacionales y las administraciones gubernamentales de Dios(*)

Extractos de J. N. Darby




EL ESTADO DEL HOMBRE ANTES DEL DILUVIO

Extractos de J. N. Darby



Capítulo II


LA PRUEBA DEL HOMBRE

En cierto, y en un muy importante, sentido, hay tan sólo dos hombres, dos hombres que son respectivas cabezas de razas.

“Fue hecho el primer hombre Adán alma viviente; el postrer Adán, espíritu vivificante. Mas lo espiritual no es primero, sino lo animal; luego lo espiritual. El primer hombre es de la tierra, terrenal; el segundo hombre, que es el Señor, es del cielo” (1.ª Corintios 15:45-47).

Cristo es llamado el postrer Adán por cuanto no hay otra cabeza después de Él. El primer hombre es natural; el segundo es espiritual. Cuando hablamos de la prueba del primer hombre, nos referimos a la prueba de la raza cuya cabeza es Adán. El primer hombre tenía una posición delante de Dios en responsabilidad, y fue probado por Dios de varias maneras hasta que Cristo fue desechado. La prueba de Adán fue de carácter único por el hecho de que fue probado antes de la caída, cuando era «inocente», lo cual significa que era ignorante del mal. Darby escribió al respecto:

«Vemos a los hombres probados de toda forma desde la inocencia hasta la cruz de Cristo, y el Hijo mismo es echado fuera de la viña, y muerto» (Collected Writings 19:319; véase también 26:115).

Sin embargo, no fue sino hasta después que el hombre «inocente» cayera que Adán vino a ser cabeza de una raza.

«Así como Adán vino a ser la cabeza de una raza después que pecó, así también Cristo vino a ser la Cabeza de una raza después que resucitó» (Notes and Jottings pág. 210; véase también Letters of J. N. Darby 1:48).

Después de la caída, el hombre estuvo perdido, aunque bien sabemos que los hombres no admitirán tal cosa, e incluso muchos cristianos no admitirán que el hombre está totalmente perdido, aun cuando «el hombre como tal ha sido plenamente probado, y Dios ha erigido otro Hombre» (Collected Writings 19:319), terminando así la prueba del primer hombre. La historia del Antiguo Testamento y de la venida y rechazo de Cristo, nos proporcionan la historia de la prueba del primer hombre. Y una vez que ésta terminó en la cruz, el segundo hombre, Cristo, tomó Su lugar como “el postrer Adán” (1.ª Corintios 15:45-47). Pero obsérvese que la prueba del hombre mientras se hallaba en «inocencia», tenía su propio carácter particular, y no constituye una prueba dentro de una secuencia de pruebas que tienen el carácter común del hombre que es probado en el estado caído. La caída introdujo una condición totalmente nueva en la que el hombre, como caído, formó una raza de hombres con el caído Adán como cabeza.

Desde la caída, quien estuvo bajo prueba por Dios fue el hombre caído, no para instruir a Dios, por supuesto, sino para manifestar completamente la condición caída del hombre. La primera prueba del hombre caído ocupó el tiempo desde la caída hasta el diluvio. Esta edad tuvo su propio carácter distintivo de prueba por la forma que la prueba tomó después del diluvio. El diluvio marcó un método claramente nuevo en los caminos de las pruebas de Dios a un hombre caído, y ese diluvio dividió la historia de este mundo en dos partes. Esto lo podemos ver en 2.ª Pedro 3:6-7, donde el período antediluviano es llamado “el mundo de entonces”, y el período postdiluviano es denominado como “los cielos y la tierra que existen ahora”.

“El mundo de entonces” era un mundo del hombre caído y librado a sí mismo sin un camino dispuesto por Dios por el cual el hombre fuera probado (Synopsis 4:15n.). Dios no introdujo ningún orden dispuesto ni ningún principio, sino simplemente dejó al hombre librado a sí mismo. Los cristianos pueden llamar a esa edad «dispensación de la conciencia», pero el hecho es que Dios no introdujo la conciencia como un orden dispuesto. Él simplemente dejó al hombre librado a su propio albur. Ahora bien, Darby sabía muy bien que el hombre fue librado a su propia conciencia, pero rechazó la idea de que hubiese «dispensaciones» antes del diluvio. Dejó expresado que no hubo ningunas dispensaciones, propiamente hablando, antes del diluvio (Collected Writings 2:132; 5:384; 13:153; 26:248. Synopsis 1:24; 4:15). En el huerto de Edén, el hombre estuvo en «inocencia» (Collected Writings 34:8; 22:337; véase también 1:125; 10:177; 22:338; 32:233; para saber qué es la inocencia, véase Notes and Comments 1:104-106). Darby también se refirió al tiempo entre Adán y Noé como la «conciencia» («Así, hasta Cristo, tenemos la conciencia, la promesa y la ley…» Collected Writings 22:370; véase también 22:337-340, 366; 10:177; 34:9. Para «conciencia» en general, véase el índice en los Collected Writings, y también Notes and Comments 1:104-106). Él no creía que Adán tuviese la ley, sino que tenía una ley (Collected Writings 10:150, 172, 173; 7:319).

En la cita siguiente tomada de un escrito de 1838, hay un pensamiento clave respecto a la condición antediluviana: «…consecuentemente, no hubo ningún desarrollo de los principios del carácter de Dios».

«Hay una muy clara distinción entre los caminos de Dios antes y después del diluvio. Desde la caída, siempre ha habido un pueblo de Dios y el mundo de los impíos. Dios nunca “se dejó a sí mismo sin testimonio”. Las profecías de Enoc fueron la instrucción del pueblo de Dios en aquellos días, y la esperanza de los fieles en nuestros días. Sin embargo, en aquellos tiempos, no era manifiesto ningún juicio, ninguna nación, ningún llamamiento exterior, que formaran creyentes o un pueblo elegido en un cuerpo reconocido ante Dios; y, en consecuencia, no había ningún desarrollo de los principios del carácter de Dios. Era una raza caída; y la naturaleza caída del hombre se manifestaba a sí misma., y seguía su curso a pesar del testimonio de Dios; y Dios no hizo nada hasta que, siendo ya el mal intolerable, los barrió a todos de delante de su rostro mediante un juicio del que ninguno pudo escapar, salvo el pequeño grupo dentro del arca; y el mundo, anegado bajo las aguas, pereció. Dios “se arrepintió de haber hecho hombre en la tierra”, porque “se corrompió la tierra delante de Dios, y estaba la tierra llena de violencia” (Génesis 6:6, 11), y Dios la destruyó» (Collected Writings 2:132; véase también 26:115).

De nuevo:

«No carece de interés advertir la distinción de los caminos de Dios antes y después del diluvio. Cuando Adán fue juzgado, no se le hizo ninguna promesa. El primer hombre había perdido todo pero merecía el juicio; tampoco podía ser hecha la promesa a la carne pecaminosa. Pero es anunciada la total destrucción  del poder de Satanás. En el juicio de la serpiente se declara que la Simiente de la mujer, y no Adán (claramente él no era la simiente de la mujer) habría de herir la cabeza de la serpiente. Las promesas fueron en Cristo. Entonces, aunque se trató en gracia con individuos tales como Abel, Enoc y Noé, no había ningún nuevo sistema o principio establecido. El hombre permanecía responsable como hombre; y la tierra estaba sin ley, corrupta y llena de violencia, y a tal punto llegaba la maldad que vino el juicio, y el mundo de entonces pereció. No había ninguna nueva cabeza ni raíz de promesa» (Collected Writings 28:115).


LA REGLA DE VIDA ANTES DEL DILUVIO

Había varias consideraciones que afectaban la conducta del hombre caído antes del diluvio.

«La regla de vida para el Adán en estado no caído era la consistencia con la naturaleza inocente y el lugar de bendición en que Dios le había puesto. Él debió de haber sentido y andado en consistencia con esto.

Para continuar la subsiguiente historia del hombre brevemente, y ver qué regla de vida está ante nosotros en la Escritura, sabemos que fueron dadas advertencias, tales como las que se hicieron mediante Enoc y Noé, pero la escena posterior a la caída terminó en el diluvio. El poder del mal en corrupción y violencia fue juzgado. Para ellos el conocimiento de Dios (el cual lo traían consigo desde el principio), la conciencia, el testimonio de estos profetas, junto con el testimonio de Dios en la Creación, era la regla por la cual serían juzgados. Así otros, como los apóstoles, nos enseñan después de ellos. Es evidente que cuando Dios fue revelado —en cuanto a Enoc— el verdadero conocimiento de Dios, hasta donde la gracia lo diera, habría de guiar» (Collected Writings 10:177).

(*) Corresponde al capítulo dos de la obra J. N. Darby’s Teaching Regarding Dispensations, Ages, Administrations and the Two Parenthesis (Las enseñanzas de J. N. Darby respecto a dispensaciones, edades, administraciones y los dos paréntesis) recopilada por R. A. Huebner; PTP 1993.)

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